Ruido sin sentido…
Lo que se del pecado lo tuve que buscar como un ladrón debajo de la falda de alguna de cuyo nombre ahora no me quiero acordar…
Con su santa inconsciencia se declaró en estado.
Y yo, que había jurado morir sin descendencia, como murió mi padre, a la futura madre, consternado: “¡Hay dolores que matan!” le grité dolorido “¿Y no se te ha ocurrido pensar que tu marido hubiera preferido otra corbata?”
¿Ustedes me han mirado?, pedirle a ese bombón que me quisiera ¿no les parece que era pedirle demasiado?